EL PAÍS: “Tragedia con ojos sangrantes”

Como Buñuel, que también utilizaba los animales y la comida como particular bestiario con el que epatar y descontrolar el ojo, el ánimo y las tripas del espectador, Lanthimos nos lleva hasta un cruel estado de desolación interna, acuciado además por la insoportable sensación de desamparo que provoca su dilema moral. Y son los ojos ensangrentados de un niño al que ha castigado un perverso dios adolescente los que guían una película esquinada y desoladoramente bella.

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